Canción del domingo: with a little help of my friends (Joe Cocker)

Segundo domingo del décimo mes del sexto año de la tercera década del siglo XXI. 12 de octubre de 2025. Hoy es ese día del año en el que no tenemos que preocuparnos por tener el centro de la capital lleno de soldados, tanques y aviones de combate. O sí, quién sabe.

Mientras escribo esta Canción del Domingo estoy cruzando España en tren, desde Santiago de Compostela a Alicante, con una breve escala en Madrid. Me he levantado en Finisterre y dormiré en Valencia, pero la vuelta que voy a dar es antológica, todo por pasar unas horas más con mis amigos. Sí, esos, los macanudos, ya sabes.

El concepto de amistad en pleno siglo XXI es tan amplio que abarca casi cualquier tipo de conexión -incluso imaginaria- desde un tipo con el que te encuentras de vez en cuando en el gimnasio hasta alguien con quien casi has compartido toda tu vida durante los últimos 35 años e, incluso a tu pareja, si las cosas van como deberían.

Robert J. Sternberg decía que los tres rasgos que caracterizan una relación de pareja sana son la amistad (o intimidad), la disponibilidad (o el compromiso y la atención) y el deseo (sexual, claro).

Si te falla cualquiera de las tres, no tienes una pareja: o tienes un amigo (si hay intimidad y compromiso pero no te toca ni con un palo), o eres un pagafantas (si hay algo de intimidad pero no hay compromiso ni deseo). Si, pase lo que pase, tu pareja no está disponible, estás perdiendo el tiempo miserablemente.

Por eso, llevarte bien con tu pareja es un requisito imprescindible pero no suficiente. Y más te vale aprender a desambiguar a tiempo.

Hay más combinaciones y es importante que aprendas a identificarlas todas porque el coste de oportunidad es, obviamente, gigantesco.

Volviendo a los amigos, la calidad de tu relación con ellos dice mucho más de ti que tu casa, tu trabajo o tu mascota, porque mantenerlos a partir de los 18-20 años cuesta una barbaridad. 

En “The Let them Theory”, Mel Robbins concentra en cinco los motivos por los que es tan difícil tener amigos cuando nos convertimos en adultos:

  • Proximidad o distancia física: el factor que mejor predice una amistad es la frecuencia con la que os véis. 
  • Momento o etapas de la vida: a veces, la distancia no es sólo física.
  • Energía y alineamiento emocional: si la energía no fluye, lo demás no funciona,
  • La gran dispersión: la forma de organizarnos cambia con el tiempo y las nuevas reglas requieren adaptación. 
  • Expectativas: la amistad no sucede, hay que cultivarla 

Aprovechando el día de la salud mental (10 de octubre), estuve indagando sobre la denominada epidemia de soledad masculina y me sorprendió ver que, en realidad, hay un porcentaje más alto de mujeres que se sienten solas (20% vs 18%) y lo están de forma crónica, pero que los hombres acusamos mucho más la falta de relaciones significativas y de capacidad de abrirse a otras personas emocionalmente.

Por lo visto, a los hombres nos cuesta hablar con otros hombres -y aún más con otras mujeres- sobre las cosas que nos preocupan de verdad, por pudor, por miedo a mostrarnos vulnerables y, en general, por una mala interpretación de la masculinidad.

Ésta es una de las muchas causas de que la tasa de suicidio de los hombres triplique la de las mujeres.

Pero, ojo, no basta con tener amigos como quien tiene una lámina cutre del Nighthawks de Hopper, porque puede que, con el uso inadecuado y la mejor de las intenciones, hayas vaciado esta palabra de sentido. Además de tener el número de teléfono de algunas personas que, de vez en cuando, te responden, has de construir -o reconstruir- una relación adulta y significativa con ellos y esto ya cuesta un poco más.

Os cuento todo esto porque llevo varios días de viaje con cinco de mis mejores amigos, recorriendo el Camino entre Santiago de Compostela y Fisterra y ha sido -en realidad, aún no ha acabado- una de las mejores experiencias de mi vida.

Aunque los muy cabrones llevan cantándome “me gusta el gluten” (en una versión imposible de la ranchera de Rocío Dúrcal) sin parar desde ayer y en algún momento he tenido ganas de estrangularles con el cordón de las botas, los quiero un montón.

Sí, son unos cabrones pero son MIS cabrones. Ojito.

Tal y como están las cosas, resulta extraordinario mantener un grupo de gente con la que puedas hacer un viaje de una semana sin que quieras acuchilarles en un callejón oscuro. Supongo que si 35 años después seguimos sin matarnos entre nosotros es porque hemos aprendido a mantener un extraño equilibrio que nos funciona por causas que no sería capaz de explicar.

Anoche acabamos cantando -por llamarlo de alguna forma- en un karaoke de Fisterra repleto de holandeses y, en medio del jolgorio, pensé en lo afortunado que era de poder compartir mi vida con esta panda. Hoy, al levantarme, tenía más agujetas en los abdominales de reír que en las piernas de andar.

Qué suerte. En serio, qué jodida suerte tengo de haber podido haber hecho este viaje y de contar con ellos en mi vida.

Por ellos, el karaoke y por el atracón de kilómetros que nos hemos metido en el cuerpo la canción de este domingo es “With a little help of my friends”, interpretada por Joe Cocker.

What would you do if I sang out of tune,

Would you stand up and walk out on me?

Lend me your ear and I’ll sing you a song.

And I’ll try not to sing out of key.

Oh, I get by with a little help of my friends.

He elegido la versión que Joe Cocker hizo de esta canción -y que popularizó en Woodstock- porque ya he publicado otras canciones del domingo de The Beatles y porque me recuerda a las noches de los miércoles por la noche de finales de los 80, cuando me sentaba con mis padres en el salón a ver “Aquellos maravillosos años”.

Bueno, por esto y porque, sí, tengo más años que un bosque y hoy me he levantado un poco nostálgico.

Todos necesitamos un poco de casito y tener gente cerca que nos haga sentir bien bien. No es cuestión de gustos o de preferencias, sino de pura supervivencia. 

Si tienes amigos, cuídalos. Pasa tiempo con ellos, ocúpate y preocúpate por ellos, aprende a identificar cuándo necesitan algo y cuándo están fuertes y disponibles para aguantar tus chapas. No se me ocurre un mejor ejercicio para reducir la ansiedad que salir a correr o sentarme a tomar un vino con un par de amigos. 

No siempre las cosas serán como esperas, pero casi siempre tendrás la ocasión de hacer algo para mejorarlas. Y si no, al menos siempre podréis intentar arreglar el mundo juntos, por mucho que se empeñe en joderse a sí mismo todo el rato.

Se puede llegar muy lejos con un amigo y un enemigo en común, aunque ambos sepáis que no existe.

Que pases un gran domingo.

PD: como siempre, más adelante tienes mi lista con todas las canciones del domingo, en orden cronológicamente inverso

PD II: si te ha gustado este post., puedes apuntarte a mi lista y te avisaré cuando publique el próximo: http://eepurl.com/h-O2lf. 100% spam-free garantizado 🙂

2 comentarios sobre “Canción del domingo: with a little help of my friends (Joe Cocker)

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