
2025 ha sido mi año de la preparación. 2026 va a ser mi año de la coherencia.
Aterricé el 1 de enero de 2025 bastante más perdido que un hijo de puta el día del padre y pasé los primeros meses deambulando y probando cosas, sin tener claro qué quería conseguir. Y ya sabemos lo que pasa cuando no sabes adónde quieres llegar: como todos los caminos te sirven, puedes acabar en cualquier sitio -sobre todo, en lugares a los que no querías ir- y, además, no tienes a nadie a quien echarle la culpa.
Todo mal, sí.
Decidir qué hacer con tu vida es jodido, porque te obliga a descartar opciones atractivas y a responsabilizarte de decisiones que pueden llevarte al hoyo. Pero la alternativa, claro, es mucho peor.
Llegué al verano arrastrado, superado y con muchas más preguntas que respuestas. Escuchaba horas y horas de podcasts que hablaban sobre el sentido de la vida, la motivación, las claves del éxito, la superación, la conciencia y casi cualquier otra mierda que pensase que podía llegar a iluminarme, ayudarme a encontrar un atajo o, qué cojones, para que alguien tomase las decisiones por mí y yo pudiese dejar de darle vueltas al cabezón de hormigón armado que llevo sobre los hombros.
Estaba extenuado y no he sido un buen compañero de viaje para casi nadie durante este período.
Al acabar el mes de agosto, de pronto recordé que tenía un super poder o, mejor dicho, que conocía a alguien que tiene un super poder. Y ese alguien es mi amiga Maribel Jiménez, a quien conocí en mi primer día de clase en ESADE en septiembre de 1995 y que me ha acompañado en la mayoría de las aventuras que he vivido durante los últimos 30 años. Ahí es nada.
Maribel se dio cuenta muy pronto de que ejercer como abogada no iba a ser lo suyo y ha acabado convirtiéndose en la mejor coach que he conocido jamás. No os voy a contar su vida -no sabría hacerlo bien- pero podéis saber más sobre ella a través de su web https://coachforhappiness.com/ y seguirla en LinkedIn aquí.
El caso es que en 2010, poco después de lanzar Metricson y estando igual de perdido que ahora, Maribel me había ayudado a diseñar un plan para los siguientes 10 años.
De ese plan surgieron casi todas las cosas buenas que me pasaron durante esos años: decidí lo que quería para Metricson y qué otros negocios me gustaría probar; decidí que quería tener al menos una hija; decidí que la ciudad en la que iba a desarrollar mi proyecto de vida iba a ser Valencia y que mis amigos eran parte importante de ese proyecto.
De repente, un día vi cuál era mi meta y, lo que es más importante, tenía un mapa del camino que tenía que recorrer para llegar hasta ella durante los siguientes diez años.
Esa misma tarde me puse manos a la obra y conseguí prácticamente todo lo que me propuse.
No os imagináis lo fácil que es hacer cosas difíciles, casi imposibles, cuando sabes exactamente qué hacer y por qué lo haces.
Y, de repente, llegó de nuevo el vacío. El confinamiento me dejó perdido, sin saber muy bien hacia dónde seguir ni cuáles era mis nuevas metas.
Visto ahora con perspectiva, podía haber anticipado que esto pasaría. Había superado el horizonte temporal de mis planes y me había quedado sin mapa. Otra vez, me encontraba solo ante una hoja en blanco infinita, sin una puñetera cruz roja gigante que señalase dónde estaba escondido el tesoro.
Imbuido en ese estado de ánimo mierder, escuché a alguien hablar en un podcasts sobre un profesor muy popular de Harvard que ayudaba a sus alumnos a hacer planes a 5-10 años vista.
Y me explotó la cabeza porque en ese instante supe cuál era la respuesta a todas mis dudas.
Y llamé a Maribel.
Y aunque ahora ella se ha convertido en una coach superexitosa y tiene otros negocios que molan todo y estoy convencido de que puede dedicarse a cosas mucho más interesantes que escuchar mi absoluta incapacidad para hacer planes por mí mismo, me acogió de nuevo bajo sus alas y me dio el empujoncito -algo más que eso, en realidad- que necesitaba para volver a volar.
Antes de acabar el año, ya tenía un nuevo plan. Una hoja de ruta que integra las cosas que son importantes para mí, que me recuerda por qué hago todo lo que hago y que me está ayudando a construir una nueva vida, porque en 2026 no soy la misma persona que era en 2010, ni quiero -ni puedo- vivir igual que entonces.
Ahora, sé lo que quiero y lo que tengo que hacer para conseguirlo. Me he puesto manos a la obra y ya veo la luz al final del túnel. A veces, es así de fácil.
En mi última sesión de 2025 con Maribel, decidí que mi palabra para 2026 va a ser COHERENCIA.
Mañana te explicaré por qué.
Que tengas un 2026 fantástico 🙂
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