
Durante el confinamiento, las aplicaciones de citas -por llamarlas de alguna forma- experimentaron un auge fácil de entender.
No sólo se descargaron más que nunca, sino que su uso también se intensificó de forma masiva. De acuerdo con varios estudios, el número de citas virtuales y conversaciones, así como el tiempo de duración de estas comunicaciones, aumentó hasta un 32% durante este período.
Estos mismos estudios observaron que, sin embargo, este crecimiento fue efímero y que los usuarios se cansaron pronto de hablar con personas a las que no sabían si llegarían a conocer.
Reconozcámoslo: a nadie le gusta tener una relación a distancia. Si tienes 15 años y pocas alternativas, cualquier cosa te sirve, pero en cuanto tienes la opción de elegir, complicarte la vida nunca es tu primera opción.
Parece que las apps de citas están empezando a mostrar un cierto agotamiento y a mí ésta me parece una buena noticia. No he usado nunca una app para ligar, pero en su día utilicé a sus antepasados, como mIRC o Messenger, para conocer a gente en distintos lugares del mundo.
Tengo amigos que, en su día, aprovecharon muy bien estos foros y que todavía hoy siguen utilizando cualquier chat de cualquier app que existe, desde Wallapop hasta Cabify, para llevarse el gato el agua.
Hace un tiempo se puso de moda un presunto hack para buscar novia en Wallapop, que consistía en buscar mujeres que ponían sus vestidos de boda a la venta a través de la plataforma, asumiendo que lo hacían despechadas después de una ruptura. Una vez identificado tu ICP, sólo tenías que filtrar por edad y talla, en función de tus preferencias personales.
Bromas aparte, pensar que la gente va a dejar de utilizar estas plataformas para recuperar el contacto personal me reconcilia con la especie humana.
Sin embargo, hay un reto inminente para el que no estamos preparados: las novias virtuales basadas en Inteligencia Artificial.
Si has visto la película Her, entenderás lo que te quiero decir. Y si conoces la trama de Alice (Subservience), aún mejor.
Porque hasta ahora las IAs se han relacionado con nosotros a través de texto o de sonido, por lo que su rol de acompañantes ha tenido algunas limitaciones evidentes.
Pero ¿qué pasará cuando estas IAs estén integradas en robots, cuya configuración podamos diseñar al milímetro para que se adapten a nuestras preferencias y necesidades?
En la fase actual del desarrollo tecnológico, todavía estamos dentro del Valle inquietante que definió Masahiro Morí en los años 70: los robots antropomórficos todavía nos generan rechazo porque se parecen a nosotros pero no lo suficiente y nuestro cerebro tiende a identificar estas diferencias como enfermedades, minusvalías o defectos, dificultando así nuestra asociación con estos seres vivos artificiales.
No tengo ninguna duda de que pronto superaremos esta barrera y nos encontraremos con replicantes bladerunnerianos que sustituirán a muchas de nuestras relaciones humanas actuales, desde parejas an amigos y familiares.
Los humanos molamos, estamos en la cúpula de la cadena trófica, somos los reyes del mambo, dominamos el planeta, pero estamos llenos de contradicciones, de conflictos, de sesgos, de preferencias.
Por lo que sea, preferimos hacer las cosas que nos gustan, antes que lo que le gusta a los demás. Nos movemos por motivaciones primarias, como el sexo, el hambre o la protección de nuestra descendencia.
Seguro que conoces a alguien que no te cae bien o a quien odias profundamente. Entre nosotros habitan personas horribles, auténticas mierdas humanas que no merecen vivir libremente en sociedad.
Imagina tener un robot de compañía programado para satisfacer tus necesidades y deseos. Que no se cansa, ni protesta. Que siempre está disponible, tiene acceso a información infinita y puedes actualizar siempre que quieras.
Creo que es posible enamorarse de un robot, sin exigirle un gran avance tecnológico.
Si hay gente que se enamora de su perro o de su móvil, ¿como no se va a enamorar de un robot con el cuerpo de un supermodelo, que ha sido programado para complacerle?
Llegados a este punto, quizá el amor sea lo de menos.
Conozco a muchas personas que conviven con otras personas por conveniencia, inercia o, simplemente, por comodidad. Que han renunciado al amor o, incluso, a compartir su vida con alguien por quien sientan algún tipo de atracción personal o sexual, porque les resulta más sencillo. Que pasan su vida queriendo a alguien que no les quiere.
Con 20 años no lo podía entender. Estando cerca de los 50, sigo sin entenderlo, pero puedo llegar a respetarlo,
No dejemos que nadie nos diga de quién o de qué nos podemos enamorar. Nos bastamos con nosotros mismos para tomar malas decisiones.
Que tengas un día genial.
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