Canción del domingo: die with a smile (Bruno Mars/Lady Gaga)

Tercer domingo del segundo mes del séptimo año de la tercera década del siglo XXI. 15 de febrero de 2026. Aunque el viento no deja de soplar, Lola dice que aún no a visto a Mary Poppins. Querido, no lo hagas por nosotros, puedes parar cuando quieras.

Tras la actuación de Bad Bunny y su pandilla en la final de la Super Bowl la semana pasada, ser latino se ha puesto de moda en todo el mundo.

Pero ¿qué demonios significa ser latino en 2026?

Desde una perspectiva clásica, somos latinos todos los que hablamos lenguas provenientes del latín, incluyendo el español, el portugués, el italiano o el francés.

Estrujando mucho y pervirtiendo un poco el concepto, podría llegar a incluir a un señor de Soria o a una estudiante de Coimbra en la categoría de latino, pero, la verdad, me costaría mucho incluir en este grupo a una pareja de viejos estirados de Lyon.

En la sobadísima taxonomía norteamericana de principios del siglo XXI, el concepto de latino se asocia con las personas provenientes de países latinoamericanos, es decir, que hablan estas lenguas pero sólo desde el otro lado del atlántico.

Por eso, aunque de vez en cuando nos hagan algunos guiños, nadie espera a los españoles o a los portugueses al referirse al mundo latino.

Suele decirse que, culturalmente, los españoles somos más cercanos a un eslovaco (como mi amigo Marek) que a un boliviano. Supongo que cada uno viene con su propio manual de instrucciones cuando se trata de sentimientos y sentido de pertenencia.

Yo no tengo mucho que ver con un ruso ni me siento especialmente cerca de los finlandeses, pese a todo el tiempo que he echado en Helsinki y las ganas que tengo siempre de volver.

Al pensar en mis propias raíces, me encanta pensar en España como una amalgama espectacular de razas y culturas que han dejando muestras de su legado a lo largo de los siglos. Puedes encontrar huellas árabes en muchos de nuestros topónimos, juderías en las medianas y grandes ciudades, calzadas romanas por todas partes.

De entre todas las culturas que han prosperado en Iberia, la que siento más cercana es la mediterránea.

La música, la comida, el carácter, el gusto por el sol y el mar, esa interpretación diletante y fläneur de la vida forma parte de mis genes y por eso me he sentido en casa en todas las orillas del Mare Nostum, desde Llafranc hasta Tel Aviv.

Y ojo, que la cultura mediterránea también es un aluvión de capas prestadas por gentes llegadas de un montón de lugares distintos.

Volviendo al mundo latino, ahora que es una tendencia globa, es el momento de reivindicar su manifestación artística más global y disfrutona: la música.

La música latinoamericana es heredera de lo mejor de la tradición europea, africana y caribeña, por eso es fácil sentir que te remueve algo por dentro, indistintamente del lado del atlántico del que provengas.

Ojo que no estoy hablando del reggaeton, ni del trap o el perreo en general. Me refiero a la salsa, la cumbia, la bachata, el son, la rumba, la bossa nova, la samba, el candombe, la milonga y, en general, a todas esas melodías sincopadas, alegres a pesar de la prevalencia de tonos menores, atestadas de transiciones, acordes disminuidos, sustituciones tritonales y a los miles de subgéneros locales que han alumbrado, desde el Caribe hasta Ushuaia.

Por eso, y a pesar de todo, la canción del ventoso domingo 15 de febrero de 20256 es, sorprendentemente, Die with a smile, de Bruno Mars y Lady Gaga.

If the world was ending, I’d wanna be next to you
If the party was over and our time on Earth was through
I’d wanna hold you just for a while and die with a smile
If the world was ending, I’d wanna be next to you

Pero qué me estás contando. ¿Hay algo menos latino que Lady Gaga y una balada en cuyo vídeo emula a Dolly Parton?

Pues eso mismo pensaba yo hasta que vi a la Germanotta interpretando una versión salsera de Die with a smile durante el show de Bad Bunny en la Super Bowl y caí rendido a sus pies.

¿Sabía lo que estaba haciendo o cómo bailar lo que fuera que estaba cantando? Probablemente no, pero funcionó como un tiro directo al corazón de la Norteamérica blanca, tradicional y un poco racista que votó a Trump y todavía no sabe muy bien cómo convivir con tanta diversidad.

Búscala en internet y disfruta de la enésima transformación de Lady Gaga. Olé por ella. Y aunque no soporte los balbuceos de Bad Bunny, olé por Benito y por la panda que abarrotó su casita, organizando una parranda épica en el corazón de la Norteamérica más tradicional.

Me gusta el mestizaje, dentro y fuera de la música. No hay mejor receta frente al odio que el acercamiento cariñoso a la diversidad.

Ojalá más Lady Gagas salseras y menos Trumps, Abascales y Puigdemonts permanentemente enfadados y defendiendo una univocidad que sólo existe en sus pequeños universos desconectados de la realidad.

PD: como siempre, más adelante tienes mi lista con todas las canciones del domingo, en orden cronológicamente inverso.

PD II: llevo 20 años escribiendo canciones del domingo, sin una cadencia clara. Si quieres, puedes apuntarte a mi lista y te avisaré cuando publique la próxima: http://eepurl.com/h-O2lf. 100% spam-free garantizado.

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