400

400 son muchos más que 300, los valientes espartanos que dieron sus vidas por su patria. 400 es más que 350, que 60 y mucho menos que 15.000.000.

Hoy, ahora y para mí, 400  es la manifestación más concreta y evidente de que las cosas funcionan, tal vez no al ritmo que deberían debieran, pero al menos siguen en su sitio, en marcha y creciendo.

Esta entrada que estás leyendo es la 400 de mi blog. 400 entradas en casi tres años no es un gran número, pero es un número al fin y al cabo. Significa que mantengo ese gusanillo cada vez que accedo a mi tablero, pulso sobre «new post» y se abre una pantalla en blanco, por ver cada día cuánta gente llega, se queda o comenta, por contaros las cosas que me pasan, que se me ocurren o que ocurren a mi alrededor, mis reflexiones absurdas y mis experiencias alrededor de este mundo extraño en el que me desenvuelvo.

Ya queda lejos aquel 17 de mayo de 2006 en el que decidí emprender este blog, o al menos a mí me lo parece. Ha llovido mucho, sobre todo estos últimos meses, y el mundo ha cambiado su fisonomía política y económica de forma considerable. Mi tensión blogueril inicial (TBI) de escribir un post diario acabó pronto, quizá antes de lo debido, pero llegó en el momento justo en que decidí renunciar a la actualización diaria en pos de la continuidad del proyecto.

Y aquí estamos. Hoy, más de 1000 días después, todos somos un poco más viejos. Este humilde blog personal sigue creciendo gracias a vosotros y por fortuna se ha convertido en lo que yo quería que fuese desde el primer día: no un negocio ni un medio ni un entero, sino tan sólo un repositorio de experiencias, de vivencias y de opiniones que probablemente no compartas, pero que te agradezco que leas, comentes y discutas con el resto.

Pronto llegará el post 401, y el 402 y así el resto de lo que espero sea una serie larga y provechosa de conversaciones y monólogos menos frecuente de lo debido y mucho más frecuente de lo esperado. Tras este blog llegaron dos más y actualmente tengo que hacer el pino sobre un monociclo apoyado en un balón gigante de nivea que se desliza sobre una pista de hielo rodeada de leones hambrientos para poder compatibilizar todo con mis 12/14 horas diarias de trabajo, pero a mí me vale la pena.

Cuatrocientos, el balón de nivea y los leones

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