Penúltimo domingo del segundo año de la tercera década del siglo XXI. 19 de noviembre de 2021. Quedan 6 días para Navidad y tú con esos pelos.

Esta mañana me he levantando pensando que la pandemia, que lleva dos años entre nosotros -y lo que te rondaré, morena-, ha resultado ser, entre otras muchas cosas, una inagotable fuente de frustraciones.

Hoy, debido a las limitaciones impuestas por los gobiernos, los titulares de algunos medios y los whatsapps de fuentes discutibles -por ser generoso-, millones de personas siguen viviendo asustadas y desesperanzadas, con miedo a acercarse, no ya a la señora que se ha sentado a su lado en el autobús o al mozalbete que le ha tocado delante en la cola del súper, sino, sobre todo y de forma incomprensible, a sus propios familiares y amigos.

Lo siento mucho por esa gente, porque está renunciando a un tiempo de su vida que nadie le va a devolver. Mientras pasáis días, semanas, meses, aislados de los demás, muertos de miedo, pensando que seguís en marzo de 2020, el mundo sigue adelante sin vosotros. Nunca la barrera entre la responsabilidad y la paranoia ha sido tan difusa.

Quiero pensar que nos echáis de menos. Que preferís no vivir así y estáis deseando volver a la calle con alegría, como la gente normal, que vive casi en 2022 y no renuncia a su vida, con responsabilidad y cuidado, pero sin dejarse atenazar por el miedo.

El teletrabajo está siendo un refuerzo extraordinario para los asociales, los pusilánimes, todos los que odiáis vuestro trabajo y relacionaros con otras personas, los que no sabéis -ni queréis- vivir en comunidad. Yo llevo teletrabajando -con mayor o menor intensidad- desde 2005 y cada vez me genera más rechazo, no en su versión conciliadora (un par de días de teletrabajo de vez en cuando van genial), sino en la del que se queda en casa porque no soporta a los demás. Quizá tengamos que empezar a no soportar a los que no nos soportan, pero de eso ya hablaremos otro día.

¿Sabéis a quién echo yo de menos? A los que ya no están entre nosotros.

En particular, estos días echo mucho de menos a mi tío Javier Muñoz, por muchos motivos, pero en especial porque se acercan las Navidades y, como os contaba hace 13 años (Dios mío) en esta canción del domingo, nuestro villancico familiar ha sido Wish you were here desde que mi tío Javier nos anunció hace casi 30 años que sólo nos daría el aguinaldo (en Alcoy, las estrenas) si mi hermano y yo aprendíamos a tocarla.

Este año, Javi no estará con nosotros para cantar Wish you were here en Navidad, casi por primera vez desde que tengo uso de razón. Aún faltan 6 días para ese momento y aún no me creo que vaya a pasar. Desde el día de su accidente no me quito de la cabeza la imagen de Javier agarrando con fuerza la zambomba y haciendo todo lo posible para impedir que nos tomásemos demasiado en serio cualquier canción, porque la vida es una pequeña fiesta a pesar de las dificultades, y él había pasado por todas las del mundo.

Gracias por todo, Javi; por la música, por los buenos momentos, por las motos y, sobre todo, por Marina y por Clara. Cada vez que pongamos en marcha la máquina de recordar con el SOL-LA-SI-RE-MI inicial. pensaremos en ti y brindaremos en tu honor.

Está bien -es natural- echar de menos a alguien a quien quieres, o has querido. Lo que no vale, y es imperdonable, es echar de menos a una persona por no tener el valor de estar con ella, de no llamarla, de no esforzarte por compartir al menos un momento juntos, por los buenos tiempos, por los malos tiempos, por los tiempos que vendrán.

La pandemia ha pusilanimizado (el verbo no existe, pero debería existir) a muchas personas que parecían normales. No seas pusilánime, atrévete a vivir, a compartir, a disfrutar de la gente a la que quieres. Y si eres un cobarde, no lo hagas, quédate encerrado en tu pequeño y oscuro agujero de miedo, rabia y frustración, pero deja de infectarnos a todos con tu falta de coraje, porque hemos decidido vivir nuestra vida, de la misma manera que tú has decidido renunciar a la tuya.

La libertad es así. También puedes decidir no ser libre. Ojalá no sea así y pases un feliz domingo y un gran final de año.

PD: como siempre, aquí tienes un enlace a todas las canciones del domingo, en orden inverso de antigüedad

Canción del domingo: wish you were here (Pink Floyd, 1975) – Javi Muñoz
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