
Segundo domingo del segundo mes del séptimo año de la tercera década del siglo XXI. 8 de febrero de 2026. Ya llevamos más de un 10% del año consumido y todavía tenemos todo por hacer. Si aún no te has puesto en marcha, ya tardas.
Uno de mis objetivos para 2026 fue escribir un post al día durante los primeros dos meses del año y, de momento, llevo 39 días sin faltar a mi cita. Tengo un montón de motivos para hacerlo, que quizá algún día comparta contigo.
Por ejemplo, uno de esos motivos era recuperar la fluidez en mi forma de escribir. Tras pasar un montón de años redactando contratos, demandas e informes, empezaba a aburrirme de ese estilo mecánico y aséptico que utilizamos para trasladar mensajes, en lugar de conectar de verdad.
Además, con el abuso diario de la IA, en vez de conseguir que mis GPTs y Gems sonasen a mí me estaba empezando a parecer yo a un LLM, como bien me recordó mi querido -no sé por qué- Juan Domínguez, alias Iamthecosmos.
Y eso sí que no.
Lo más difícil de poner en marcha un reto como escribir un texto diario de más de 1000 palabras, cuando tienes una agenda infernal, es dar el primer paso.
¿De dónde demonios sacas 2 horas al día para hacer algo que no es exactamente trabajo, ni ocio, ni deporte, ni autocuidado, ni descanso, ni tiempo de calidad con los tuyos, ni comer, ni dormir?
La respuesta es sencilla: fuera del horario en el que haces todo eso. Aprovechando que duermo menos que el gato de Juan Valdés, llevo un mes y medio levantándome entre las 05:30 y las 06:00 a escribir y lo estoy disfrutando un montón.
En estos casos, lo que nos suele fallar no es la fuerza de voluntad, la disciplina o la capacidad de sacrificio. Éstas son excusas de vagos.
Lo que necesitas de verdad es una motivación real y un incentivo concreto.
Kahneman y Tversky llamaron a esto el sesgo de statu quo, que viene a decir que nadie se enfrenta a un cambio importante si el beneficio no es evidente y racional.
Cambiar conlleva una serie de costes y riesgos (esfuerzo, incertidumbre, reputación) que exigen una contraprestación clara. Nadie se mueve para estar en una posición más incómoda, si puede evitarlo. Lo de Sevilla y la silla, ya sabes.
Por eso, a veces pasamos años atascados en situaciones no deseadas, sabiendo que deberíamos salir corriendo de allí sin mirar atrás. El problema no es la energía, podrías cargar una batería del tamaño de tres estadios de fútbol -la unidad de medida nacional- con la frustración que llevas encima.
El problema, en realidad, es la dirección. Ah, y la visibilidad.
En 1998 dos tipos llamados Samuelson y Zackhauser (no eran hermanos, uno era Samuelson y el otro, bueno, ya me entiendes) publicaron un estudio titulado Status Quo bias in decision making (journal of risk and uncertainty), en el que explicaban con datos empíricos que no cambiar supone, en sí mismo, una decisión y que solemos elegirla el doble de veces al cambio, aunque objetivamente sea peor para nosotros.
Entre otros motivos para que este sesgo de statu quo sea tan potente y contraintuitivo destaca que el coste de decidir -y cambiar- se paga por adelantado, mientras que el de no decidir nada se difiere.
Si no te mueves, sabes dónde estás y lo que te puede -o te va a- pasar, aunque sea una monstruosa tormenta de mierda.
Si te decides a cambiar las cosas, incorporas un factor de incertidumbre. Si tu aversión al riesgo o al cambio es muy grande, acabas abrazado a tus propios excrementos, viendo cómo otras personas están viviendo la vida que tú quieres.
¿Sabéis cómo me di cuenta hace unos meses que necesitaba un cambio importante? ¿Y cuál fue mi detonante?
Un día estaba sentado en el sofá de mi casa con Lola viendo Canta 2, una película de animación en la que unos animales antromórficos viven un montón de peripecias para montar un musical.
Todo iba bien hasta que me encontré llorando a moco tendido al escuchar a una puercoespina -a la que pone voz Scarlett Johansson- cantarle a un león -al que pone voz Bono, el de Us- una canción que hasta entonces no había significado gran cosa para mí: stuck in a moment you can’t get out of. Aquí puedes ver la escena hasta que el algoritmo de YouTube decida eliminarla: https://youtu.be/5iQhjn1RvYk
Recuerdo con nitidez ese momento y que fue exactamente entonces cuando me di cuenta de que me había quedado atrapado en algún lugar que no era el mío, en el que no podía ser yo y que tenía que sacar mi culo de allí con urgencia.
Siguiendo con Kahneman y Tversky, estaba en el supuesto exacto que describen en su Prospect Theory: las pérdidas pesan mucho más que las ganancias equivalentes (hasta 2,5 veces más), por lo que no cambiamos para mejorar un poco. Cambiamos para dejar de estar mal.
Y yo estaba llorando al ver a un monigote en una pantalla, susurrando una canción que yo mismo llevaba 20 años cantando.
Lo que pasó a continuación te lo expliqué en este post: tengo un plan. En unos pocos meses he conseguido metas que sólo podía soñar en el verano de 2025. Y esto no ha hecho más que empezar.
Por eso, porque se me olvidó mencionar esta canción cuando hablaba de la génesis de mi plan y por haber sido el detonante de tantas cosas bonitas, la canción del domingo 8 de febrero es Stuck in a moment you can’t get out of, de U2.
I was unconscious, half asleep
The water is warm ‘til you discover how deep
I wasn’t jumping, for me it was a fall
It’s a long way down, to nothing at allYou’ve got to get yourself together
You’ve got stuck in a moment
And you can’t get out of it
Don’t say that later will be better
Now you’re stuck in a moment
And you can’t get out of it
Siempre había interpretado esta canción como un mensaje hacia otra persona. Tío, estás fatal y no te estás dando cuenta. Espabila, muévete, haz algo pero no te quedes atascado en ese momento porque no hay nada bueno para ti allí.
Cuando me di cuenta de que el amigo era yo, empezaron a sonar trompetas y a aparece estrellitas en mi cabeza.
Un cambio de ángulo o de perspectiva, en el momento adecuado, puede hacer que una canción transforme su dimensión de una forma radical.
Stuck in a moment you can’t get out of forma parte de all you can’t leave behind, el album que U2 publicó en 2000 y me acompañó en un momento muy importante de mi vida. Si lo piensas, incluso el título del LP (todo lo que no puedes dejar atrás) era un poco profético y contenía otros temazos como Beautiful day o Walk on a los que vuelvo con frecuencia y suelen repetirse en mis reels de Instagram.
Es fácil quedarse atascado cuando las cosas vienen mal dadas y no ves la salida; casi tan fácil como levantarte y salir corriendo cuando sabes exactamente adónde quieres llegar y tienes un buen mapa, una mochila y alguien que te acompañe en el camino.
No pasa nada si te bloqueas. Todos tenemos derecho a parar un tiempo, lamernos las heridas, recomponernos, quitarnos la tierra de encima y decidir cómo seguir adelante. Pero la vida sigue y también tienes derecho a hacer tu propio camino, porque nadie te va a dar las gracias por estar en el lugar equivocado.
Cuando puedas, levántate y sigue andando.
El camino es tuyo y, créeme, esto va a ser divertido.
PD: como siempre, más adelante tienes mi lista con todas las canciones del domingo, en orden cronológicamente inverso.
PD II: llevo 20 años escribiendo canciones del domingo, con frecuencia irregular. Si quieres, puedes apuntarte a mi lista y te avisaré cuando publique la próxima: http://eepurl.com/h-O2lf. 100% spam-free garantizado.
Deja un comentario