Empieza bien la semana

Los lunes empiezan los domingos por la tarde. Muchos estudios concluyen que entre estos dos momentos alcanzamos nuestro pico de ansiedad semanal.

En particular, una investigación de la Universidad de Hong Kong sobre los “Anxious Mondays” encontró una asociación entre sentirse ansioso los lunes y signos de disfunción del eje del estrés (HPA), medido a través de las trazas de cortisol en el cabello.

Pero lo más curioso de este estudio no es que los currantes nos enfrentemos al lunes con más ansiedad -esto ya lo sabíamos-, sino que el patrón se repetía en la población jubilada.

Piénsalo por un momento: lo que te está matando no es tu jefe o tus clientes: es el cambio de ritmo mal programado.

Los lunes te enfrentas a un cambio de sistema: los fines de semana solemos tener horarios más laxos y dedicamos tiempo a pensar en otras cosas. Dormimos de forma distinta -más o menos, dependiendo de tu edad y tus circunstancias- y nos relacionamos con otras personas.

A medida que te haces mayor, tu cuerpo acusa más los cambios y no es cuestión de que la semana laboral tenga tres, cuatro o cinco días. Da igual que descanses más o menos tiempo. El cambio de ritmo, si no lo planificas y controlas, te afecta aunque no quieras. Y con la edad, cada vez de forma más acusada.

Pero no es sólo un problema de rutinas.

La mañana del lunes es el momento en el que los zombies salen de sus tumbas y se ponen a aullar bajo tu ventana para tratar de colarse abruptamente en tu agenda.

Tengo que irme, pero el lunes te lo miro sin falta

Ésta es la frase que hipoteca el inicio de tu próxima semana. Y aún así, seguimos haciéndolo una y otra vez.

La solución no es madrugar más, sino entender cerebro y tener un protocolo de reentrada en la semana que amortigüe el impacto del aterrizaje.

Aunque no te lo creas, se puede disfrutar de los lunes, pero hay que planificarlos bien.

Volvamos al inicio de este post: los lunes empiezan los domingos por la tarde. Es curioso, pero mucha gente siente más ansiedad los domingos, cuando no estás trabajando y se supone que estás más descansado, que los viernes, tras una semana infernal.

No es por el estrés. Es por la anticipación. Otro día hablaremos sobre la diferencia entre estrés y ansiedad.

Una de las tácticas más reconocidas para vencer a la ansiedad es planificar bien las cosas. Si has hecho algo de deporte, sabes que no puedes ponerte a correr o a saltar o a soltar bofetadas, sea lo que sea que hagas, sin calentar antes.

Arrancar un lunes a puerta gayola y sin haber planificado nada, es la mejor forma de que te pille el toro.

A lo largo del tiempo, he preguntado a muchas de las personas con más éxito que conozco cómo preparan sus lunes y todas tienen rituales muy definidos y curados, que cumplen y repiten de forma obsesiva, semana tras semana.

Y no hay dos iguales. Algunos empiezan el domingo y otros madrugan el lunes, Incluso hay gente que blinda el arranque de la semana el viernes anterior, para que no se le muevan las fichas durante el fin de semana ni se encuentre al fantasma de las navidades pasadas frente a su escritorio al volver a la oficina el lunes.

Y luego hay algunos zumbados que no descansan jamás, por lo que les aplica aquello de “cariño, yo no tengo resacas, porque para tener resaca hay que dejar de beber en algún momento”.

Algunos elementos comunes que he encontrado entre tal disparidad de planes son:

  • Identificar las prioridades: los clásicos sprints semanales te obligan a definir qué vas a hacer esa semana. Si sabes lo que te cabe, también puedes decidir lo que no te cabe. Sin prioridades, todo es urgente y la muerte de tu agenda está unos pasitos más cerca.
  • Parte los objetivos en trocitos: las victorias rápidas y frecuentes (quick wins) te garantizan una dosis continuada de dopamina, sin picos ni bajones. Si eres capaz de establecer estas pequeñas victorias y de distribuirlas a través de la semana de forma eficiente, la neblina mental del lunes empezará a disiparse.
  • El NO forma parte del plan: decide ya qué no vas a hacer esta semana, A qué vas a renunciar. Cuando priorizas tareas, has de expulsar cosas de la agenda. Nada es más liberador que decir que no. Empezar la semana reconociendo tus limitaciones y sacando la basura, en lugar de acumularla en una esquina, también te ayudará a arrancar.
  • Planifica sin tener en cuenta el correo: piensa en cómo acabó la semana anterior y las prioridades que tenías entonces. Si abres el correo (o Slack o lo que demonios utilices en tu organización) y empiezas a responder a la gente que está pujando por tu atención, estás dejando que se apoderen de tu agenda. No lo permitas. Luego gestionarás los incendios, pero marca tus prioridades desde la base, no como una herencia infinita de problemas ajenos.
  • Agenda: lo que no puedas hacer ahora, mételo en la agenda, así no tendrás que mantenerlo en la cabeza, ocupando un espacio de tu atención que vas a necesitar para otras cosas. Y no olvides dejar espacio para concentrarte y ejecutar. Aquí tienes algunas ideas más: quién controla tu agenda
  • Las cajitas: mi amiga María me habló sobre el método de las cajitas de Aritz Urresti. Sin entrar en muchos detalles, es una forma de organizar tus prioridades, ganar paz mental y proteger lo que realmente importa, en la que asumes que tus horas productivas son limitadas y te enseña a romper barreras mentales para centrarte en lo que mueve la aguja. Aún estoy aprendiendo, pero creo que me va a ayudar un montón.

Resumiendo:

El éxito de tu productividad semanal y la paz mental de los lunes no se consigue con fuerza bruta, sino con diseño

No se trata de echarle huevos, ni de tener energía positiva, ni mucho ánimo, ni de levantarte con el cargador lleno de balas de plata y una sierra eléctrica para acabar con los zombies.

Como casi siempre, el diseño y la preparación ganan a la fuerza.

Si te anticipas, planificas y defines bien qué resultados puedes considerar un éxito, renunciando a todo el ruido que va a impedir conseguirlo, no sólo incrementas tus probabilidades de conseguirlo, sino que empezarás la semana sabiendo lo que tienes que hacer. Y eso es gasolina de la buena para tu productividad.

Ya no se trata de enfrentarte a tus fantasmas y hacer todo lo que puedas, sino de cumplir con tu propio plan. Sin que nadie se meta en tu agenda, ni decida por ti.

Tu vida, tu plan, tus prioridades, tu agenda. Es mucho más fácil enfrentarse al lunes si asumes el liderazgo que si, simplemente, te arrastras hasta él, esperando que no te consuma.

¡Que tengas un feliz lunes y una semana muy divertida!

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