Luchar por las migajas

Tras 25 años como abogado procesalista, me ha tocado batirme el cobre en los juzgados en un montón de situaciones distintas.

Hay muy pocos motivos reales que justifiquen calzarse los guantes y saltar al ring, pero a veces no tienes alternativa.

Porque tú no decides -ni puedes evitar- que alguien interponga una acción -civil, penal, administrativa, mercantil- contra ti. Es un uso atípico y, en muchas ocasiones, abusivo de la justicia, si es que podemos llamar así a la instrumentalización del proceso judicial como arma arrojadiza.

Pero, por desgracia, estamos expuestos a que cualquier soplagaitas nos obligue a defendernos de acusaciones sin fundamento jurídico ni pruebas.

Ahora bien, no elegimos quién nos demanda, querella o denuncia, pero sí cómo nos defendemos.

Y la respuesta es siempre la misma: cuando entras por la puerta del juzgado, seas demandante (actor) o demandado, utiliza la máxima fuerza posible desde el primer momento. Salvo en contados casos, en los que la táctica lo aconseja, saca la artillería el primer día porque es probable que después sea tarde, y tu objetivo en la fase inicial del procedimiento debería ser consolidar tu posición de fuerza.

Es muy jodido pelear desde una posición débil.

En La Roca -la de Sean Connery- uno de los militares “malos” le recuerda a los militares “buenos” que se encuentra en una posición elevada y que es mejor que no abran fuego, porque se van a ver forzados a darles plomo.

Obviamente el tema acaba como el rosario de la aurora, pero esta escena me viene muchas veces a la cabeza, justo por esa advertencia: no seas burro, porque me vas a obligar a darte candela y ninguno de los dos lo quiere. Pero si tengo que hacerlo, no voy a dudar en exterminarte.

Entre el siglo XVII y XIX se popularizó el uso de la siguiente inscripción en las espadas y otras armas blancas:

no me saques sin razón, ni me envaines sin honor.

A mí no me molestan los que demandan sin razón y por razones espúrias. Me encanta sentarme a ver cómo se esfuerzan por retorcer la verdad y sostener una postura imposible, que les va a llevar al descrédito y la vergüenza (y al pago de las costas),

Lo que me resulta insufrible son los amenazadores profesionales. Suele ser gentecilla mediocre que no tiene razón ni recursos para litigar y cree que con la simple amenaza de una demanda va a conseguir lo que pretende. Pero se les ve el farol a la legua.

Lo primero que aprendí cuando entré a trabajar en E&Y hace 26 años es que las demandas no se anuncian, se interponen. La cosa ha cambiado algo con los requisitos de procedibilidad incluidos en la última reforma de la ley de enjuiciamiento civil, que parecen diseñadas para proteger a los cobardes, pero en esencia, esto significa que si crees que tienes la razón, no negocias:

Ejerces la presión máxima -al estilo de Ender Wiggin- desde el primer momento y, si procede, ya negociarás en paralelo al discurrir del procedimiento.

Os cuento todo esto porque en mis 25 años de carrera jamás había tenido que gestionar tantos conflictos entres socios como ahora, y la mayoría de ellos van a acabar en el juzgado.

Y no por falta de entendimiento entre las partes: la mayoría de estos conflictos se han generado de forma artificial por una combinación de exceso de ego del socio batallero y falta de escrúpulos de su abogado, que intenta sacar pasta de cualquier sitio, sin importarle dónde está metiendo a su cliente

La mezcla de cliente arrogante y abogado estúpido es letal.

Y, lo que es peor, tiene el potencial de acabar con empresas enteras construidas a base de esfuerzos enormes y de pequeñas aportaciones de un montón de personas ajenas a ese conflicto y que, de repente, asisten atónitas a la triste imagen de dos tipos que se dedican a darse patadas en los traseros de sus socios.

En un conflicto entre socios, igual que en un divorcio, cuando entran los abogados y los jueces, todos pierden.

Porque una empresa no se crea desde el conflicto, sino desde los acuerdos, el esfuerzo y la construcción de una idea conjunta. Cuando esto desaparece y un socio se desalinea tanto como para que no le importe matar su propia compañía por satisfacer su ego, la empresa empieza a agonizar y cuanto más tardemos en extirpar ese alien de su interior, menos probabilidades tendrá de sobrevivir.

Por eso es tan importante conocer bien a tus socios. En este enlace, encontrarás un post que escribí hace unos cuantos años, donde te explicaba lo que sé sobre el tema.

Nadie invierte en un negocio conflictivo, por lo que, de forma contraintuitiva, luchar a brazo partido por los que interpretas que son tus derechos, es lo que más te aleja de conseguir lo que quieres o crees que mereces. Porque una empresa puede ser muy resiliente o antifrágil frente a los vaivenes del mercado y la competencia, pero ningún pacto de socios te protege del todo frente a un ataque nuclear interno.

En la única intervención que he tenido la oportunidad de dirigir al hemiciclo del Parlamento Europeo, en Bruselas, hace ya un puñado de años, mi discurso se centró en la vulnerabilidad de las pequeñas y medianas empresas de nuestro continente.

Ese día hablé sobre cómo sobreexponerlas a normativas ridículas para luego abandonarlas en las manos de un sistema judicial inoperante es una forma muy eficiente de desincentivar a cualquiera para que arriesgue su salud y su patrimonio creando nuevos negocios.

Porque, curiosamente, la mayoría de conflictos potencialmente judiciales que tenemos ahora mismo sobre la mesa suceden en empresas pequeñas, que todavía están luchando por su supervivencia y por las que nadie en su sano juicio perdería cinco minutos discutiendo, salvo por su mal entendido orgullo. Por supuesto, hay excepciones, pero la norma está ahí.

¿Sabes quiénes se pelean por las migajas? Las gallinas y los carroñeros.

Nunca verás un león malgastar su energía en estupideces y presas inútiles, la necesita para correr más que los animales más rápidos de su entorno y para cobrarse piezas que le permitan alimentar a su manada.

Cuesta mucho menos esfuerzo destruir que construir. Puedes ser un mentiroso, un cobarde o, incluso, un estafador, es tu decisión. Pero, al menos, respeta tu legado y el esfuerzo ajeno.

La vida es demasiado corta para pelearse por las migajas, pero cuando no tienes alternativa, golpea fuerte desde el principio y arrasa con todo.

Porque la vida también es demasiado corta para malgastar tu tiempo discutiendo con idiotas.

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