¿Cuánto vale tu empresa?

Hoy en día -y desde hace ya unos cuantos años- casi cualquier empresa de chicha y nabo que tiene poco más que un producto tiernecito y un puñado de clientes formado por los compañeros de cole y los primos de los fundadores, dice que vale un millón de euros. O más.

Todos sabemos que es mentira y jugamos a engañarnos por una absurda desalineación de incentivos que es muy característica del funcionamiento del capital riesgo y que podría resumirse así:

Quiero acciones de tu empresa y también quiero que la gestiones tú. Para ello, necesito que tengas un trozo lo suficientemente grande del pastel para que no salgas corriendo cuando las cosas se pongan feas (spoiler: las cosas se van a poner feas muy pronto) y, al mismo tiempo, que valgas lo máximo posible para señalar un precio alto en mercado, pero que deje espacio para que el próximo inversor entre a un valor más alto y un potencial comprador me dé un retorno de unas cuantas veces mi inversión en unos 6-8 años.

El capital riesgo busca la cuadratura del círculo y a veces lo consigue. Pero es un juego al que no todos pueden o saben jugar.

Cuando estás empezando, lo único que tienes es potencial y por eso puedes permitirte el lujo de aplicar criterios distintos a los tradicionales de valoración, como los multiplicadores de ventas/EBITDA, los descuentos sobre flujos de caja y otros que seguro que conoces.

A medida que pasa el tiempo, las probabilidades de que te conviertas en el outlier que todo el mundo busca se van reduciendo y ese valor potencial se acaba corrigiendo para acomodarse a tu -habitualmente- triste realidad de negocio divertido e interesante pero tan lejano a unicorniolandia que no podrías llegar allí ni con el último cohete gigante de SpaceX.

No todas las empresas valen 1 millón de euros. Es más, muchas empresas tienen un valor negativo y casi tendrían que pagar mucho dinero para que alguien con dedos de frente se hiciese cargo de ellas y arreglasen el estropicio que han provocado. Pero hemos decidido jugar a este juego y hay que conocer sus reglas, aunque sean absurdas.

Por suerte, algunos emprendedores han encontrado alternativas a este modelo que tienen incentivos más alineados con el interés de todas las partes.

Tengo un buen amigo, cuyo nombre probablemente te suene, porque ha participado en la creación de algunas de las empresas de mayor éxito de nuestro país, que hace ya unos años diseñó un modelo que a mí me encanta.

En su primer momento, sus empresas no valen millones de euros, a pesar de que es él quien las concibe y empuja personalmente durante las primeras millas. Su valor se sitúa alrededor de los 500K€-600K€, dependiendo de criterios que no vienen al caso.

Eso sí, hay una pequeña condición que has de tener en cuenta: él fija unas métricas que, por su experiencia, son las que determinan el éxito de un negocio en su fase inicial, pongámosle 6-8-12 meses.

Y si no se cumplen al 100%, la compañía se cierra, sin dudas ni excusas.

Es que me faltan 100€ para llegar al objetivo de facturación.

Es que hemos conseguido el 99,5% de los leads que esperábamos.

Es que la conversión no es de un 4 sino de un 3,8%.

Es que el producto no ha estado listo a tiempo.

Es que nada. Cerramos y a otra cosa.

El intercambio es claro: yo acepto una valoración razonable y tú aceptas que, si no consigo el resultado esperado, cierre muy rápido.

Y si lo consigo, nos metemos en la carrera de crecer a tumba abierto, con valoraciones que solo puede conseguir alguien que ha demostrado unas cuantas veces que es capaz de hacerlo muy bien.

Por supuesto, hay otras condiciones que permiten ajustar el modelo al riesgo, pero ésta es la esencia. No voy a desvelar todos los ingredientes de la salsa secreta, con esto ya ves por dónde van los tiros. Y van casi todos al centro de la diana.

Me parece el mejor modelo del mundo. El más maduro, el más honesto, el más profesional. Ideas claras, objetivos claros, consecuencias claras.

Además, deja mucho espacio para crecer entre rondas y no compromete la posibilidad de conseguir dinero a un valor razonable en un plazo breve, porque hay mucho margen entre esos 600K€ y los 2M€ en los que podría haber valorado la compañía inicialmente, para una compañía que, además ya tiene tracción.

Pero, claro, para hacer algo así hay que tener una reputación de titanio y un historial al alcance de muy pocos.

Este modelo se basa, además, en una estrategia que siempre recomiendo a mis clientes porque me parece la más justa e inteligente: fasear la inversión.

A grandes rasgos, consiste en levantar poco dinero cuando la empresa vale poco y mucho dinero cuando la empresa vale mucho, acompasando la dilución al crecimiento.

¿A que suena sencillo?

Nada de buscar la pasta que necesitas para los próximos dos o tres años, tan típico de emprendedores primerizos.

Primero, consigue sólo la pasta que necesitas para empezar andar, probablemente con lo que tengas en el banco es suficiente; a continuación, busca lo que necesitas para empezar a vender (spoiler: no sólo es pasta) y, sólo entonces, ve a por los recursos que necesitas para crecer y competir.

En cada una de estas fases la valoración de tu empresa debería ir creciendo, como las capas de una cebolla. Y por eso hablamos de rondas. Es un sistema muy extendido, que necesitas entender bien para no perderte por el camino.

Por eso, si has dejado de crecer o no sabes cómo hacerlo ni dónde posicionarte dentro de este circuito, buscar inversión es una pésima idea, una misión digna de Ethan Hunt.

Casi nadie necesita 400K€ para lanzar un MVP. Ni tampoco puedes abordar el mercado mundial con un producto de mierda en el que has invertido unos cuantos miles de euros y unas horas en Lovable.

Defender una valoración es muy fácil si sabes cómo funciona Matrix. Pero sólo si estás dentro de Matrix.

Tú decides.

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