
En el último episodio de nuestro podcast en Descorchify (el Txoko), la maravillosa Charo Marcos, que entre otras cosas fue fundadora de Kloshletter, le dio la vuelta al jersey y fue ella quien nos hizo las preguntas a Pascual y a mí, a partir de las que nos habían enviado nuestros clientes durante las semanas anteriores.
Si te apetece verlo, puedes hacer click aquí:
Eran preguntas reales, con nombres y apellidos detrás, que no habíamos leído antes, por lo que tuvimos que improvisar. Y uno de los temas que salió es por qué para nosotros las historias son importantes.
Y lo que me salió sobre la marcha es que las historias conectan de una forma muy íntima con nuestra misión. Porque la misión de Descorchify no es enviar buenos vinos a nuestros suscriptores todos los meses, eso es lo que hacemos.
Nuestra misión es servir de cadena de transmisión entre productores de vinos únicos y aficionados que quieren descubrirlos y vivir una experiencia distinta, por un precio de risa.
Por eso, en nuestros dípticos, directos y eventos no hablamos de retrogustos, aromas, capas, ni se nos ocurriría llamar caldo a un vino, ni cualquiera de esas gilipolleces.
Te explicamos cuándo plantó las viñas el abuelo del actual enólogo, por qué en la etiqueta aparece un ciervo, quién le puso el nombre o cómo descubrimos esa pequeña bodega que sólo produce 6.000 botellas al año y tuvo la generosidad de vendernos 3.000 a nosotros para que las hagamos llegar a casa de nuestros suscriptores.
Las historias importan.
Como decía Charo en el Txoko, es probable que te olvides de las cualidades organolépticas de un vino, pero no de por qué existe. Y Pascual es un maestro explicando esas historias.
Muchas veces confundimos misión con propósito, porque en las fases iniciales de cualquier negocio, la misión forma parte del propósito de sus fundadores. ¿Cuál es, entonces, la diferencia entre ambos?
Simplificando:
La misión explica qué hace una empresa, para quién y cómo lo hace. Partiendo de un problema (el dolor) o de un objetivo, propone una solución (la cura) y establece un plan para cumplirlo (el tratamiento).
La misión es lo que te recuerda hacia dónde tienes que ir y puede evolucionar con el tiempo, a medida que cambian las circunstancias o los contornos del problema que quieres solucionar.
Que entre Morricone y os lo explique.
El propósito es el motor que te empuja a poner en marcha ese negocio y su perímetro está definido por lo que realmente te importa, el impacto que quieres generar en tu entorno, tu llamada a la acción más profunda.
Cuando las cosas no van como esperabas, el propósito es lo que te hace perseverar y adaptar la misión, si es necesario, para llegar a la meta.
Por eso, la misión evoluciona, pero el propósito debería permanecer, porque la misión habla sobre lo que hacemos y el propósito sobre por qué lo hacemos.
Simplificando aún más, el propósito es el motor y la misión el volante.
Esa conexión íntima entre misión y propósito es lo que consigue que no abandonemos a las primeras de cambio y que perseveremos.
Mi coach -y pese a ello queridísima amiga- Maribel, de quien ya os he hablado por aquí antes, me explicó en una de nuestras sesiones que, desde un punto de vista profesional, el propósito es donde confluye lo que sabes hacer, con lo que quieres hacer, con lo que el mercado necesita y con lo puede absorber.
Esta definición conecta misión y propósito y me gusta porque nos recuerda que a veces necesitamos iterar mucho hasta encontrar la forma de manifestar nuestro propósito.
Yo tengo claro mi propósito y todas mis empresas son la forma en la que lo traslado a distintos ámbitos que me importan. Quizá no sea evidente encontrar un propósito común en negocios tan dispares como el asesoramiento legal, la venta de vino o la inteligencia artificial.
O quizá sí.
Si quieres que tu negocio evolucione y perdure necesitas una misión clara, que conecte con el propósito de tu equipo. Ésta es la clave.
Si tu empresa cuenta una historia que no es cierta o que resulta incoherente con la forma en la que haces las cosas o, simplemente, no es capaz de explicar por qué y para qué existe, estás muerto.
Sin embargo, si tu negocio existe por y para algo, vivirá para siempre. Da igual lo que pase con el mercado, con el equipo o con el producto. otro día hablaremos sobre el papel que juega la cultura -otras de mis obsesiones, y van unas cuantas, de este año- en todo esto.
Recuerda tu propósito, cuida de tu misión y ellos te guiarán por las baldosas amarillas. Quizá no llegues adonde esperas, pero si eres fiel a ti mismo, te aseguro de que vas a disfrutar el camino.