Aterrizando en Doha

Hoy es mi primer día en Doha.

En realidad, aterricé ayer por la tarde, pero intentar conocer de noche una nueva ciudad, salvo Las Vegas, es misión imposible, así que esta mañana me he levantado pronto y he salido a correr por la Corniche, donde se erige la mayoría de gigantescos rascacielos de la ciudad.

De momento, la ciudad me está gustando una barbaridad.

Es una horterada tan monstruosa como maravillosa, llena de gente razonablemente alegre y amable y donde por las noches hace un frío que no te lo crees, aunque dentro de unas semanas sea el calor lo que nos impida salir a la calle.

Aquí, todo es grande. El aeropuerto es enorme, tardamos una vida y media en encontrar la salida porque, entre las cosas que hacen bien los catarís, la señalética no es su punto fuerte. Mi amigo David Zaragoza estaría quemando contenedores todo el rato.

Hay comida sin gluten, restaurantes por todas partes y unas playas bastante cochambrosas, no sé quién ha pensado que, en una ciudad donde hace un calor espantoso durante la mayor parte del año, el negocio está en los beach clubs. Pero haberlos, haylos, aunque tengas que meterte en el agua con más ropa que en Baqueira.

Aún no he tenido tiempo de ver la Doha auténtica, porque, salvo mi escapada de esta mañana, llevo 24 horas encerrado en el hotel, trabajando como un mulo para cerrar cosas que están pasando a miles de kilómetros de aquí y que, con esta perspectiva, parecen mucho menos importantes de lo que lo serán cuando vuelva a la realidad la semana que viene.

Me voy de un salto al centro y mañana os sigo contando.

¡Que acabéis de pasar un día genial!

PD: la foto es de K, porque a mí nadie me hace fotos cuando viajo. ¿Os suena de algo?

Deja un comentario

Subir ↑

Descubre más desde El blog de Luis Gosálbez

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo