Cosas que sí y cosas que no sobre Catar

Publico este post desde el avión que me está llevando de vuelta a Barcelona, tras pasar 6 días más bien intensos en Doha.

Ha sido una buena experiencia y ahora mismo tengo la cabeza tan llena de planes e ideas, que voy a compartir unas pocas con vosotros para que no se me olviden.

Para hacerlo fácil, voy a dividir mis ideas entre cosas que sí y cosas que no. Empecemos por el final:

Cosas que no

Catar está en construcción, literalmente. Esto significa que hay muchas oportunidades pero también riesgos asociados con el crecimiento.

El calor. Estos días ha hecho fresquete por las noches, pero ya puedes intuir que muy pronto será imposible caminar por la calle tras la salida del sol. Algunos parques tienen aire acondicionado. Sí, los parques, al aire libre.

La ciudad no está preparada para que andes por ella. En el evento conocí a un tipo de unos 20 años, catarí de nacimiento, que aseguraba no haber cruzado una calle jamás. Hay pocos semáforos y los pasos de peatones son testimoniales.

He hablado con mucha gente y sigo sin entender cómo funciona esto. Hay gas natural, petróleo y unas cuantas familias con mucho dinero, pero el 90% de la población es inmigrante y se dedican a trabajar para los catarís, que están dispuestos a gastar pasta en muchas cosas bonitas -para quien le gusten- e, incluso, potencialmente productivas en el medio-largo plazo.

No consigo quitarme de la cabeza que, en el fondo, este sistema es muy keynesiano.

Me gasto la pasta que he conseguido con mis recursos naturales en inventarme barrios y ciudades monstruosas que atraen a las personas que las están construyendo y a las marcas que les van a vender las cosas que esas personas pueden comprar. Hay tiendas de Gucci, Louis Vuitton o Tiffany’s y concesionarios de Ferrari o Bentley en los centros comerciales. Puedes despilfarrar el presupuesto anual de tu comunidad autónoma en quince minutos, sin moverte de la Perla.

Pero, al final del día, no has generado valor, sólo gastos e ingresos.

El mercado real -la demanda local- es minúsculo, por lo que puedes ganar dinero, pero no vas a hacer crecer tu negocio, sino a contribuir a que una serie de familias ricas sean riquísimas.

Y, quizá, puedes venir a construir tu negocio amparándote en la inversión y la influencia catarí, pero luego tendrás que irte a otro sitio a buscarte las castañas porque, insisto, salvo en algunas industrias específicas, el mercado es muy pequeño y está más que bien abastecido.

No hay democracia, ni partidos políticos ni oposición. Catar es una monarquía absoluta, dirigida por el Emir y su familia. Aunque es la cuna de Al Jazeera, que ha sido crítica con muchos gobiernos de la región, evidentemente es muy respetuosa con la familia real de Catar.

El sistema legal es una mezcla entre el derecho civil propio de la región basado, entre otros, en el códigos egipcio, y la sharía, especialmente en derecho de familia. Por tanto, la religión forma parte importante del derecho Catarí y, aunque no la aplican de forma tan radical como en Irán o Arabia Saudí, la pena de muerte sigue vigente.

Y, para acabar, el vino -y el alcohol en general- es escaso, caro y poco accesible. Esto no es necesariamente malo, pero no estoy acostumbrado a pagar 60€-80€ por un vino sudafricano regulero.

Cosas que sí

Al margen del análisis económico técnico o teórico, en Catar hay extraordinarias oportunidades de negocio. Invierten miles de millones de dólares en atraer talento de todo el mundo y en desarrollar sus empresas, en sectores estratégicos como la medicina, la inteligencia artificial o las telecomunicaciones. Ahora, además, han anunciado una visa para creativos y artistas, así que eres bueno en lo tuyo, es posible que puedas venir aquí subvencionado por el estado catarí.

La mayoría de las personas con las que me he encontrado en el país son muy amables y parecen sinceramente satisfechas de vivir aquí. La sensación de abundancia y de optimismo está presente en la forma de vida y la toma de decisiones estratégicas. Y eso, favorece los negocios de una forma tangible.

El gobierno tiene ideas claras y propuestas concretas. Y cumplen sus promesas. No estoy acostumbrado a esta forma de operar desde lo público y reconozco que me gusta ver políticos con palabra y compromiso. El problema viene cuando no te gusta lo que se decide arriba, en ese caso solo te queda salir corriendo.

Seguridad absoluta. La gente no cierra sus casas ni sus coches y deja los móviles y los ordenadores en las terrazas de las cafeterías cuando va a pagar o al baño. En ningún momento he tenido sensación de peligro o inseguridad. Los extranjeros que provienen de Centroamérica o, incluso, de países europeos y de su entorno, valoran mucho esta seguridad.

Limpieza. Siempre hay gente limpiándolo todo. Ayer, en una videoconferencia que hice desde el Web Summit, un cliente me preguntó por qué había un señor mirándome fijamente durante más de media hora y tuve que explicarle que estaba esperando a que me levantase para limpiar la mesa, porque aunque no te muevas del sitio, te pasan un trapito por la mesa cada 5 minutos.

Ser catarí no está al alcance de cualquier, pero si consigues la nacionalidad, es un auténtico chollo.

Tienes sanidad y educación gratuita en cualquier lugar del mundo en el que estés. Si, por ejemplo, tienes que pagar un tratamiento de 2M$ en un hospital de Palo Alto porque estás estudiando en Stanford, toda esa fiesta (el tratamiento y la universidad) la paga el estado catarí -la familia del Emir, vamos-.

Al ser un país pequeño, todo el mundo se conoce y es razonablemente sencillo acceder a la gente que toma las decisiones, incluso en las grandes empresas o en los organismos del estado, que no son pocos. Y tienen mucho interés y respeto por la gente que viene de fuera con nuevas ideas.

Este respeto a la iniciativa y talento individual me ha sorprendido, porque estoy acostumbrado a que en España miren a los que intentamos sacar adelante nuestras empresas como delincuentes.

Entre otras medidas fiscales interesantes, no existe el IRPF ni el IVA. El IS está al 10% y no tributas por los ingresos obtenidos fuera de Catar. Esto quiere decir que si eres residente fiscal en Catar y ganas 10M€ en España, te lo llevas todo a tu empresa catarí, pagas un 10% de impuesto de sociedades y puedes gastártelo como quieras, porque no pagas al recibirlo en tu cuenta personal.

Cuando le cuentas a un catarí los impuestos que pagamos en Europa se descojonan. Y cuando le hablas de la deuda pública, directamente no se lo creen.

Y esto empalma con el último punto: Catar está en una fase de apertura muy interesante, en la que existen algunos poderes blandos, como el parlamento o la propia Al Jazeera, que informan y, de una manera más efectiva de lo que parece, limitan la toma de decisiones por parte del poder absoluto.

Catar quiere ser relevante y una referencia de libertad en la región y, aunque está lejos de serlo, va dando pasos que el resto de gobiernos de la región no serlo han atrevido todavía a dar.

Esto es todo. Ahora todo depende de cómo quieras vivir tu vida.

Si valoras por encima de todo imponer tu propio criterio, ser un disidente y un parásito profesional, vivir del cuento e impedir que los demás hagan su vida como quieran, Catar no es tu sitio.

Aquí hay reglas claras en cuya creación no vas a participar jamás. Si quieres disentir, puedes hacerlo en privado y vivir amargado en tu madriguera, pero resulta mucho más práctico dejarte llevar por la corriente y, si no te gusta cómo funcionan las cosas, montarte en un avión y largarte a cualquier otro lugar. Nadie te obliga a venir a Catar, ni nadie te impedirá que te vayas por donde has venido.

Si, por el contrario, tienes una mentalidad abierta y estás dispuesto a esforzarte, arriesgarte y adaptarte a las costumbres del país, como deberían hacer todos los extranjeros en cualquier país del mundo, hay muchas oportunidades para crecer personal y profesionalmente en Catar.

Yo no me veo viviendo aquí, ni creo que sea el lugar para la mayoría de mis empresas, pero voy a seguir explorando algunos retos interesantes que se me han planteado estos días.

Así que no te voy a tostar más con mis peripecias catarís.

De momento 😉

Con este post concluyo una serie de contenidos que he creado estos días, aprovechando mi viaje a Doha, para participar en Web Summit Qatar 2026, dentro con una misión organizada por ICEX, junto a 35 empresarios españoles.

Aquí tienes los posts que he publicado sobre este tema:

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