
Hoy es el día. ¡Áún no me lo creo!
Con esta publicación he cumplido el objetivo más ambicioso que me había planteado para este año: escribir un post diario, de forma ininterrumpida, durante dos meses.
59 posts, cerca de 80.000 palabras, más de 150 horas dedicadas únicamente a planificar, escribir, revisar y publicar un post al día, más el tiempo que he empleado en crear las imágenes destacadas, redactar los e-mails para los suscriptores, elegir las canciones para las publicaciones en redes sociales, hacer fragmentos para Substack, responder a los comentarios de lectores en Linkedin y mil y unas tareas más que he ido incorporando al proceso, poco a poco.
Durante los últimos 59 días, he dedicado más de 6 de ellos completos a escribir mi post diario, en una de las épocas más exigentes a nivel profesional y personal de toda mi vida.
Ahora mismo estoy escribiendo el último post de la serie desde el sofá de mi casa de Puigcerdà, son las 7:30 de la mañana y empieza a amanecer en la Cerdanya. Desde mi ventana veo cómo las primeras luces del día se reflejan sobre las cumbres nevadas de la sierra del Cadí. Estoy feliz y en paz. Ojalá pudiera quedarme a vivir en este momento.

La mayoría de mis posts han sido engendrados de madrugada en mi casa de Valencia, mientras Lola dormía y también en mi apartamento de Alcoy, en casa de mi madre, en casa de K en Barcelona, yendo en AVE hacia Madrid, desde el Hilton de Doha, en varios aviones e, incluso, desde la hípica en la que Lola monta a caballo dos veces por semana.
¿Por qué me he metido en este fregado? ¿Y por qué ahora?
Tenía muchos motivos para arrancar este proyecto. Quizá, incluso, más que para no hacerlo.
Dentro de unas semanas, este blog -que es el suyo, joven- cumplirá veinte años.
Sí, has leído bien. Llevo VEINTE PUTOS AÑOS escribiendo por aquí.
He pensado muchas veces en dejarlo, algunos años apenas he escrito 5 o 6 posts, principalmente canciones del domingo, cuando tenía algo que contar y no sabía cómo darle forma.
La canción del domingo ha sido la excusa para mantener vivo este blog durante casi una década y, además, nutre mi lista homónima en Spotify, que ya va por 178 temas, es decir, 178 canciones del domingo que he escrito a lo largo de 20 años; dos semanas enteras dedicadas en exclusiva a escribir estos posts.
Quizá este blog y, en particular, la canción del domingo, sea el proyecto más importante de mi vida.
Al finalizar 2025, pensé que sería una buena idea retomar el pulso de gosalbez.es con este sprint, escribiendo como un salvaje, a trompicones pero con la máxima intensidad posible, como lo hago todo. Es que se me dan fatal los grises.
Muchos de los que ahora leéis este blog no habíais nacido cuando empecé a escribirlo. No sé si esto me emociona o me aterra, pero gracias en cualquier caso por pasaros por aquí de vez en cuando.
Otro impulso para afrontar este reto fue la sensación de estar perdiendo facultades a la hora de escribir y, lo que es más preocupante, de pensar.
La Inteligencia Artificial me estaba volviendo más lento, más torpe, más perezoso y mucho menos hábil a la hora de estructurar mis ideas y traducirlas en razonamientos coherentes y en palabras. Incluso llegué a escribir un post sobre este tema: escribir más para pensar mejor.
Viendo la evolución de mis posts durante los últimos dos meses, creo que también he superado esta prueba. Ahora escribo mucho más rápido, sin atascarme, y soy capaz de ordenar mis pensamientos y de hilar los argumentos y el discurso de cada post de una forma mucho más coherente.
Esto no significa que te guste mi estilo ni los temas que abordo, claro. Si estás leyendo esto, supongo que en algún momento he compartido algo ha resonado en tu interior. Ojalá te ayude. Sea como sea, gracias por acompañarme.
Como era de esperar, no he cumplido el 100% de mis objetivos y he descubierto que algunas de mis hipótesis iniciales no eran válidas, lo cual, en realidad, es una buena noticia.
Por ejemplo, voy a dejar de utilizar Substack. Es un buen repositorio para crear comunidades más o menos activas de seguidores, pero -disculpadme por ser sincero en esto- yo no escribo en mi blog para vosotros, sino para mí y, sobre todo, para Lola.
Ya que hablamos sobre esto, voy a confesarte algo: siempre he pensado que moriría joven y que Lola tendría que vivir siempre con el fantasma de su padre a cuestas, porque no pienso abandonarla ni un segundo. Sé que es una imagen inquietante, pero Lola es el amor de mi vida, así que cuando me quede sin tiempo voy a hacerme el despistado y a dejar que corra otro hacia la luz, yo me quedaré por aquí por si me necesita para algo o, simplemente, para verla crecer y convertirse en la mujer que merece ser.
Pensarás que ya llego tarde para lo de morir joven. Y tienes razón, como siempre.
Chúpate esa, Caronte.
Estupideces aparte, desde que nació Lola, la misión de este blog mutó para convertirse en repositorio de ideas al que pueda acudir en el improbable caso de que me recuerde o me necesite dentro de unos años y por eso, este blog es mi legado, lo único que verdaderamente le quedará de mí cuando desaparezca.
¿Qué no harías tú por tu el amor de tu vida?
Lola, ojalá estés leyendo esto dentro de unos años años y recuerdes nuestra casa de las montañas y todo lo que hemos hecho juntos durante tus primeros 8 años de vida. Esto es para ti, como todo lo demás.
El otro gran objetivo que me marqué con este reto fue abrir un espacio en la agenda sólo para mí.
Digamos que tengo una vida intensita. No te voy a explicar cómo es mi día a día, pero puedes imaginar que me queda poco hueco para cuidarme y pensar en mis cosas, al margen de mis empresas y de mi exigua familia.
En los personal boards de Ancla (también llamados PBAs, por razones obvias), empezamos actualizando nuestra situación desde tres planos distintos: pareja-familia-amigos, profesional y personal.
Yo tardé casi un año en ser capaz de separar los tres planos y explicar cómo me sentía en cada uno de ellos, de forma desagregada. Es brutal cómo la rutina y la inercia nos llevan a confundirlos. Qué error, qué pérdida de visión. Qué bien haberme dado cuenta a tiempo.
No eres tu pareja. No eres tu familia. No eres tu puesto de trabajo ni tu empresa.
Eres sólo tú, lo que queda de ti cuando todo lo demás no existe.
Si no eres capaz de separarte de tus obligaciones y de tus circunstancias y tomar distancia de tu contexto y de tu entorno, acabas olvidándote de quién eres.
Y ¿sabes qué? No vale la pena vivir siendo otra persona. De esas, ya hay muchas, demasiadas.
Por eso, decidí crearme un hueco en el que pudiera ser sólo yo, no el director general de Metricson, ni el socio de Pascual en Descorchify, ni el compañero de viaje de Marcos y Pablo en Nostromia, ni el padre de Lola, ni el hijo de Mamen Albero, ni el hermano de Jorge, ni el tío de Chufín, Candela y Rocío, ni la pareja -qué nombre tan horrible- de K, ni el padrastro guay de Javi y Rita, ni el colega de Yogur.
Bueno, igual el colega de Yogur sí, porque es el único que me hace compañía mientras escribo.
Tantas etiquetas, tantas facetas, tantos roles para acabar siendo tan solo un Macanudo desubicado, un tipo que salió de su casa en Alcoy hace treinta años y no ha parado de correr hasta que ha encontrado, de nuevo, su lugar.
Ahora, me levanto todos los días entre las 05:30 y las 06:00 de la mañana y dedico al menos dos horas a pensar, investigar, aprender y escribir. No abro el correo, ni los chats de trabajo. No reviso los bancos, no leo el periódico, no le pongo comida al gato, aunque me odie por ello.
Antes, al despertar solía dar vueltas en la cama y pensar en todo lo que podía salir mal.
Gracias a este proceso, cuando me despierto más tarde de las 5 de la mañana, me levanto, veo amanecer, abro el iPad y me pongo a escribir como un poseso.
¿Qué va a pasar a partir de ahora?
Crear este espacio diario siempre ha sido un medio, no un fin.
Quería demostrarme que aún soy capaz de escribir de forma inteligible -lo de hablar y que se me entienda lo dejamos para otro día- y mantener cierta consistencia en algo que no sea trabajar o llevar a Lola de un lado para otro.
Pero, sobre todo, necesitaba abrir un hueco en mi agenda para afrontar mi verdadero gran proyecto personal, en el que empezaré a trabajar el lunes 2 de marzo de 2026.
Todavía no te voy a dar detalles sobre él, pero seguro que pronto tengo cosas que contarte.
En cuanto a este blog, que tanta vida me da como me quita, seguiré escribiendo un post semanal y alguna que otra canción del domingo.
Sin obligaciones, sin presión, sólo por disfrute y para que Lola conozca mejor al tarado de su progenitor cuando haya pasado de quererme a odiarme y luego, de odiarme a quererme un poco otra vez, si alguien se ha preocupado de mantenerlo vivo para entonces.
Gracias por acompañarme durante estos dos meses, por leer algunos de mis posts y por animarme a seguir escribiendo. Reconozco que algo de vanidad hay también en este proceso, así que agradezco mucho -¡muchísimo!- todos los mensajes que me habéis enviado a través de los distintos canales.
Ahora que voy a dejar de inundar vuestra bandeja de entrada todos los días y sólo escribiré de vez en cuando, es un buen momento para que te apuntes a mi lista de correo, prometo mantener mi política de 0% spam y sólo utilizar tu e-mail para avisarte cuando publique algo nuevo.
Aquí tienes el enlace: quiero apuntarme a la lista.
Gracias, gracias, gracias de verdad. Os quiero un huevo.
Nos vemos en la carretera.
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