Escribir más para pensar mejor

Uno de mis grandes objetivos para 2026 es escribir más, mucho más.

Los abogados escribimos todo el rato, lo que no significa que lo hagamos bien. De hecho, algunos de los textos más mediocres que he leído son contratos y escritos redactados por abogados que le han perdido el respeto a la escritura.

Es una pena. Y una pérdida de oportunidad para todos.

Escribir no -sólo- consiste en juntar palabras. Requiere documentación, reflexión, método, técnica y capacidad de síntesis, porque no basta con volcar tus ideas al papel, tal y como llegan: al escribir, estás cristalizando conceptos, argumentos y razonamientos, de una forma ordenada y progresiva, para someterlos al contraste de quien te lee.

Pensar es gratis. Hablar es fácil. Escribir cuesta. Escribir bien es una rareza estadística.

En varias de sus obras, Paul Graham explica que escribir exige pensar con claridad (writing is thinking) porque, mientras una idea está en tu cabeza, tolera contradicciones, imprecisiones e inconsistencias; sin embargo, al escribirla, conviertes tus pensamientos en objetos poliédricos, que otras personas pueden observar, mover, girar y comparar.

La escritura exige estructura y la estructura revela si hay un pensamiento detrás de la pura interfaz.

Recuerdo un documental en el que varios guionistas hablaban sobre técnicas narrativas; uno de ellos explicaba que siempre utiliza conectores secuenciales para asegurarse de que sus historias tienen sentido para el espectador: entonces, por tanto, esto significa que…

Una historia no es una secuencia infinita de situaciones yuxtapuestas.

Al obligarte a conectar las distintas partes de tu narrativa, estás dotándola de coherencia interna (una vez más, mi palabra de 2026) y de una justificación para que se mantenga viva. Y, lo que es más importante, estás guiando a tu lector a través de tu mente y le estás dando argumentos para siga leyéndote.

Para mí, escribir no es sólo una afición -cuando escribo en este blog por placer- o una obligación -cuando lo hago por trabajo-. Es la forma en la que comparto mis pensamientos con el mundo y los someto a análisis externo y crítica.

No me entiendas mal. Me la trae al pairo tu opinión sobre mí o sobre mis ideas, sobre todo ahora que he estudiado algo de náutica y sé qué es el pairo. No escribo buscando el aplauso o el refrendo de gente a la que no conozco, no hay suficientes gnomos para tantos trolls.

Pero sí que siento el suficiente respeto por tu tiempo y por mi exigua reputación para intentar que, al compartir mis pensamientos contigo a través de este canal, no esté diciendo estupideces y se me entiende mejor que cuando hablo, lo cual no es difícil.

Cuando escribo, dudo. Y dudar está bien.

Sin embargo, el gran multiplicador de valor no es la escritura, sino la revisión. Cuando revisas tus textos, detectas saltos lógicos, generalizaciones, bucles, repeticiones, callejones sin salida y muchos otros defectos estructurales, lógicos y argumentales que son difíciles de identificar mientras una idea está sólo en tu cabeza.

Escribir ayuda a pensar mejor. También te expone mucho más, pero no vas a llegar a ningún sitio siendo tibio y tratando de gustar a todo el mundo. Si has de generar algún sentimiento, que no sea pereza, por Dios.

Por eso, como te anticipaba al inicio de este post, en 2025 voy a escribir mucho más. Muchos de mis posts tendrán una calidad discutible y quizá trate temas que no te interesan lo más mínimo. No te sientas forzado a leer todo lo que escribo, no vale la pena.

Pero, quizá, de vez en cuando encuentres algo por aquí que te haga reflexionar o te resulte útil o te emocione, porque ha rozado una fibra en tu interior que tenías olvidada o que, simplemente, nadie había tocado desde hacía tiempo.

Ése es mi otro gran objetivo al escribir: ser útil y, alguna vez, emocionarte.

No sé cuándo vas a leer esto ni tengo un mapa de tu fuero interno, pero si algo de lo que te cuento te llega en el momento adecuado, todo esto habrá merecido la pena para ambos.

Tener ideas -buenas o malas- no sirve de nada si no las compartes.

Tener razón es inútil si no se convierte en una llamada a la acción.

Escribir tiene sentido por sí mismo, aunque nadie te lea.

Pero cuando alguien te lee, tu texto se convierte en un mensaje. Y no hay nada más potente que un mensaje que llega al lugar preciso, en el momento adecuado.

Este blog es mi único legado y, veinte años después de abrirlo al mundo, he vuelto para defenderlo.

Gracias por llegar hasta aquí. Si te apetece que sigamos navegando juntos, busco tripulación. Puedes apuntarte a través de este enlace y nos iremos viendo: http://eepurl.com/h-O2lf.

No pienso moverme de este barco 🙂

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