
Tras unos días de calentamiento, ayer arrancó la agenda oficial de Web Summit Qatar 2026.
Este año, Checkia.ai y Metricson asisten como parte de la misión española, coordinada -muy bien, por cierto- por ICEX y la delegación comercial de la embajada española en Doha.
Ayer estuvimos conociendo (os recuerdo que los domingos son lunes aquí) el Qatar Science Technology Park (QSTP), parte de la Qatar Foundation, y por la tarde tuvimos reuniones con distintas agencias del gobierno catarí, como Europa Invest Qatar, Qatar Development Bank o Qatar Financial Center, entre otros.

Una de las cosas que más me impactó fue escuchar a un inversor mexicano que lleva unos cuantos años por aquí explicar que hemos de pensar en Qatar como un proyecto en proceso de consolidación, prácticamente un país en vía de desarrollo, a pesar de tener uno de los PIB per cápita más elevados del planeta.
Aquí, todo acaba de empezar.
Comparada con Dubai o Abu Dhabi, Doha es todavía un recién nacido que requiere de mucho cariño y dedicación para convertirse en un adulto funcional.
Nadie lo diría cuando caminas por el centro, rodeado de unos rascacielos enormes que hace apenas 20 años no estaban siquiera diseñados, o cuando ves que en su parque tecnológico hay facultades creadas por las principales universidades públicas y privadas de EEUU, desde Carnagie Mellon a Georgetown.
El potencial es brutal, pero sigue siendo eso, puro potencial y capacidad de impacto, con retos enormes y riesgos evidentes.
El mensaje que más se repite aquí -ayer el primer ministro de Catar, Mohammed bin Abdulrahman bin Jassim Al Thani, lo volvió a dejar claro comprometiendo en su presentación en el evento 2B$ más de inversión para el fondo soberano- es que Catar quiere decidir su propio camino y que el impacto que quiere provocar no sólo es económico y tecnológico, sino también cultural y medioambiental.

Esto se percibe en todas partes y muy especialmente en Web Summit. Tras pasar un par de veces por el evento central en Lisboa -no llegué a ir al original en Dublín-, hace ya años que decidí no volver. Era demasiado grande, inabarcable. Para mí, ir a Web Summit Lisboa es hacer turismo tecnológico y no me da la vida para esto.
Web Summit Qatar tiene un tamaño mucho más asequible y el aliciente de que te permite empezar a entender cómo funciona esta región, que está explotando a una velocidad difícil de asumir. En realidad, sólo estamos tocando la capa exterior, porque lo que pasa por las entrañas de este país escapa a la comprensión de cualquier cabeza occidental. Para lo bueno y para lo malo, claro.
Seguimos investigando.
PD: este post forma parte de una serie que estoy publicando desde mi llegada a Doha el pasado jueves: